Escribo este post con cierta tristeza, pero también con verdadera admiración.
Siento tristeza por el fanatismo y cerrazón expresado por buena parte del mundo musulmán y que se ha hecho evidente en todo el planeta. También escribo con admiración porque creo que las palabras de papa Benedicto fueron las que el mundo necesitaba escuchar. Fueron palabras de un hombre valiente que ha abierto un tema importante para el diálogo en los tiempos en que vivimos.

Estos días hemos sido testigos del fanatismo más acérrimo, hemos visto cruces incendiadas, iglesias atacadas, imágenes del papa ardiendo, creyentes agredidos (no olvidemos, no podemos olvidar, que una monja ha sido asesinada). Y al mismo tiempo hemos asistido al más absoluto silencio por parte de aquellos que tienen la voz, por parte de los representantes sociales.

Durante el discurso pronunciado en la Universidad de Ratisbona, el Papa ha querido entrar en diálogo, desde la fe cristiana, con el Occidente secularizado que ha experimentado una reducción del concepto de razón, y el mundo musulmán que se debate entre la irracionalidad del integrismo y la formulación de un Islam que pueda hacer suyas la experiencia de la razón y de la libertad.

Entonces, ¿por qué se ha desatado esta tormenta?
La manipulación de los sentimientos de muchos, las lecturas sesgadas, y hasta la estupidez más simple han sido piezas importantes en esta polémica.
El discurso del Papa es como una piedra de toque que entra en conflicto con el mundo islámico.
El problema no es lo que pueda o no pueda decir un emperador bizantino sobre Mahoma, sino que papael juega la razón humana como la violencia puede ser justificada por la fe.
Este debate ha sido asumido por elpapa con valentía, ha preferido hacer un discurso que aboga por la razón y la llamada a la verdadera libertad, cosa que por lo sucedido no está bien vista ni en oriente... ni en occidente.